Mostrando entradas con la etiqueta Arroz rico en hierro. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Arroz rico en hierro. Mostrar todas las entradas

viernes, 27 de diciembre de 2019

El arroz C4: Más eficiente y mejor

Ya os hemos hablado en anteriores posts de variedades de arroz transgénico como el arroz dorado o el arroz rico en hierro. Ambos transgénicos están ideados para suplir carencias alimentarias en países menos desarrollados. Sin embargo, estas no son las únicas variedades de arroz transgénico que existen. Dado el agotamiento de los suelos, se está ideando un arroz más eficiente: el arroz C4. Actualmente, más de 3.000 millones de personas en Asia dependen del arroz para sobrevivir y, debido a los aumentos de población previstos y una tendencia general hacia la urbanización, la misma área de tierra que proporcionó suficiente arroz para alimentar a 27 personas en 2010 necesitará alimentar a 43 en el año 2050. El Proyecto de arroz C4 es uno de los grandes desafíos científicos del siglo 21 en el que participan investigadores de 7 instituciones (lideradas por la Universidad de Oxford) en 5 países para aplicar enfoques científicos innovadores en el desarrollo de variedades de arroz de alto rendimiento para pequeños agricultores.

Como sabéis, las plantas son organismos capaces de producir su propio “alimento”. Mediante la fotosíntesis, convierten la luz del sol, agua y minerales en moléculas que utilizan para obtener energía. Sin embargo, en cuanto a la fotosíntesis hay dos tipos de plantas: las plantas C3 (como el arroz, el trigo o la patata) y las plantas C4 (como el maíz, la caña de azúcar o la cebada). Las plantas C3 están mejor adaptadas a ambientes templados y húmedos, mientras que las plantas C4 prefieren ambientes calurosos y secos. Las plantas que utilizan sólo el ciclo de Calvin para la fijación del dióxido de carbono del aire, se conocen como plantas C3. En el primer paso del ciclo el CO2 reacciona con la ribulosa-1,5-bifosfato (un azúcar) para producir dos moléculas del ácido de 3 carbonos, 3-fosfoglicérico (3-PGA). Este es el origen de la denominación C3 de las plantas que utilizan este ciclo.


Por otro lado, las plantas C4 utilizan una fijación en dos pasos donde el CO2 se fija en las células mesófilas de pared delgada, para formar un intermedio de 3 carbonos, normalmente malato (ácido málico). Se forma ácido oxalacético (OAA), que se convierte rápidamente en ácido málico. El ácido de 4 carbonos se bombea activamente a través de la membrana celular, a la célula de pared gruesa de la vaina fascicular, donde se desdobla en CO2 y un compuesto de 3 carbonos. Luego, este CO2 entra en el ciclo de Calvin en un cloroplasto de la célula de la vaina fascicular y produce G3P. Esto provoca un entorno con una elevada concentración de CO2 y ausencia de oxígeno. Este entorno permite a la enzima Rubisco actuar con una alta eficacia, evitando realizar la fotorespiración, que convierte el O2 en CO2, haciendo que la fotosíntesis sea mucho menos eficiente. Las plantas C4 pueden ser hasta un 50% más eficientes que las plantas C3.

El Proyecto de arroz C4 pretende mejorar mediante la Ingeniería Genética el funcionamiento de la maquinaria fotosintética para incluir componentes funcionales del C4. Para poder crear un arroz C4 a partir del arroz original (que es C3) se tienen que hacer 2 cosas: la primera es modificar la forma de la hoja para conseguir una hoja con anatomía de Kranz que permita tener las células del mesófilo y las células del haz vascular. Después tienen que realizar un cambio en la bioquímica del arroz para introducir los genes que participan en la ruta del CO2 que se ha comentado antes. En la imagen inferior vemos en azul las enzimas necesarias para poder realizar la ruta de las plantas C4.

El impacto de esta investigación está siendo tal que a principios de diciembre la fundación de Bill y Melinda Gates financió con 15 millones de $ al grupo perteneciente a la Universidad de Oxford, que entran dentro de la siguiente fase del proyecto que dura cinco años incluyendo el actual. Una condición para la financiación de la Fundación Gates para el proyecto es un compromiso de acceso global para garantizar que el conocimiento y los avances realizados estén disponibles y accesibles a un precio asequible para las personas más necesitadas en los países en desarrollo. Además, al final de la próxima fase de investigación en 2024, los científicos esperan tener parcelas de campo experimentales en funcionamiento en Taiwán. Realmente se está haciendo un esfuerzo en el desarrollo de este proyecto, ya que en los últimos 4 años (de 2016 hasta 2019) se han publicado un total de 26 artículos por parte de los grupos de investigación relacionados con el Proyecto del arroz C4. 

Podemos concluir que el arroz C4 puede ser una baza importante en la batalla contra el calentamiento global y la superpoblación que se prevé para el futuro. Sin embargo, todavía queda camino que recorrer en este proyecto, que es una muestra más de cómo los transgénicos son el siguiente escalón en el desarrollo humano en lo que a alimentación se refiere.

Bibliografía:


https://c4rice.com/
http://hyperphysics.phy-astr.gsu.edu/hbasees/Biology/phoc.html
http://hyperphysics.phy-astr.gsu.edu/hbasees/Biology/phoc.html#c2
https://es.khanacademy.org/science/biology/photosynthesis-in-plants/photorespiration--c3-c4-cam-plants/a/c3-c4-and-cam-plants-agriculture
http://www.ox.ac.uk/news/2019-12-03-rice-feed-world-given-funding-boost#
https://onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1111/tpj.14562

viernes, 20 de diciembre de 2019

Vacunas comestibles

En entradas anteriores como el arroz dorado o el arroz rico en hierro hemos visto que los alimentos transgénicos pueden utilizarse para curar o paliar carencias en ciertos grupos de población. También hemos visto que hay fármacos que se obtienen de organismo transgénicos, como la insulina. Pero con los alimentos ¿se pueden evitar infecciones? 

¿Qué son las vacunas?

Esta función es propia de las vacunas. Las vacunas son capaces de ´´enseñarle`` al cuerpo cómo defenderse de los microorganismos cuando los invaden. Existen varios tipos de vacunas, pero suelen tener problemas en países en vías de desarrollo porque necesitan unas condiciones específicas para mantener la viabilidad (conservación en frío, personal cualificado para administrarlas, etc.) y muchas veces estas condiciones se pierden durante el almacenamiento o el transporte.

Alimentos transgénicos

Esta problemática se ha intentado solucionar con los alimentos transgénicos. Se ha buscado expresar en los alimentos las proteínas de los microorganismos que son capaces de activar al sistema inmune (antígenos) para que preparen las defensas ante una posible infección de estos microorganismos. Pero ante esta idea se encontró un gran problema. En el estómago y en el intestino se producen grandes cambios de pH y se encuentran proteasas (un tipo de proteínas) que son capaces de degradar estas proteínas, por lo que no llegarían a ser absorbidas y no llegarían al sistema inmune. Para solucionar el problema se dirigieron estas proteínas y se protegieron dentro de unas estructuras capaces de soportar estas condiciones.

Durante la investigación y el desarrollo, se confirmó que las plantas son capaces de producir los antígenos y que estos antígenos promueven una respuesta del sistema inmune en animales y se probaron a administrar por vía oral y por vía intravenosa. También se vio que había una activación del sistema inmune al probarlo en humanos voluntarios por ingesta.

Los mejores candidatos para este tipo de vacunas son alimentos que se coman en fresco y que tengan una gran cantidad de proteína soluble, como la lechuga, la espinaca, el plátano... Además, la cantidad de tejido vegetal que forme una dosis no debe ser muy grande, por lo que se tiene que expresar mucha proteína en el tejido.

Actualmente se han conseguido desarrollar algunas vacunas comestibles:
  • Patatas y tomates contra el cólera.
  • Patatas y lechugas contra la hepatitis B.  
  • Espinacas contra la rabia. 
  • Patatas contra la enfermedad de Newcastle.
También se ha investigado hacer varias vacunas en la planta del tabaco y del maíz.

Este tipo de cultivos permiten obtener vacunas de una manera mucho más barata y una distribución mucho más sencilla, principalmente, para los países en vías de desarrollo, todo esto lo haría más accesible a la población de manera general y favorecería que algunas enfermedades se erradiquen o disminuyan la tasa de infectados.

Anticuerpos en alimentos

Otra alternativa a las vacunas en los alimentos que se está investigando es la producción de anticuerpos en los alimentos.

Los anticuerpos o inmunoglobulinas son las proteínas que genera el propio sistema inmune para defenderse de las enfermedades. Existen varios tipos de inmunoglobulinas y cada tipo se encuentra en un lugar del cuerpo, con distinta eficacia frente a distintos patógenos.

Se ha conseguido producir un tomate transgénico que expresa un tipo de inmunoglobulinas (la IgA) que es efectiva frente a los rotavirus, que son los virus culpables de la gastroenteritis. Estos tomates se diferencian en el color, ya que debido a la elevada cantidad de antocianinas que presentan son púrpuras, de los cuales se hablará en un futuro post.

Los anticuerpos no sirven para prevenir enfermedades, pero pueden servir para tratar las infecciones cuando ya se han producido, aunque también pueden ser interesantes para tratar enfermedades crónicas.

Bibliografía:


sábado, 23 de noviembre de 2019

Arroz rico en hierro

Según la Organización Mundial de la Salud, aproximadamente el 30% de la población mundial sufre de carencia de hierro. Una solución a este problema podría ser la producción de arroz transgénico enriquecido en este mineral, puesto que es un alimento que forma parte de la dieta básica de gran parte de la población.



El arroz por sí solo no contiene vitamina A y solo presenta hierro y zinc en muy bajas concentraciones. Las dietas basadas en arroz y otros cereales o legumbres pueden llevar a deficiencias en estos micronutrientes.

 Ya hablamos sobre la Vitamina A y el arroz dorado en otro post, pero ¿y el hierro? ¿Por qué es esencial? Lo necesitamos porque este metal participa en el correcto funcionamiento de nuestro sistema inmune y permite el transporte de oxígeno a nuestras células a través de la sangre, específicamente, de los glóbulos rojos. Su carencia causa anemia, y puede dar lugar a un mal desarrollo mental y psicomotor en niños.

Estructura 2D del ácido fítico

La asimilación del hierro depende de varios factores. En los países en desarrollo, el hierro que forma parte de la dieta suele estar en forma no hemo, de peor absorción que el que sí lo está. Además, muchas legumbres y granos que conforman su dieta son ricas en ácido fítico, que impide la correcta absorción del hierro y otros minerales.


Desde principios de siglo, varios grupos de científicos han ideado estrategias para producir arroz con un elevado contenido en hierro que evite las alteraciones derivadas de su carencia. Una de estas estrategias fue la introducción en el arroz del gen de la ferritina de Phaseolus vulgaris (frijoles), una proteína que actúa como almacén de hierro.

Aspergillus fumigatus

Sin embargo, el efecto no sería suficiente a no ser que también se redujera el ácido fítico y otros inhibidores de la absorción de minerales de la dieta. Para ello, se le introdujo también el gen de una fitasa de Aspergillus fumigatus (un hongo) para que degradara el ácido fítico, aumentando así la biodisponibilidad del hierro en el arroz.



Otra estrategia más reciente consistió en utilizar los genes SferH-2 , que codifican una ferritina más estable y genes de nicotianamina-sintasa (NAS). NAS sintetiza nicotianamina, un precursor del 2’-ácido desoximogénico, el cual colabora en la absorción del hierro. También se han hecho estudios para producir un arroz transgénico que tenga tanto el betacaroteno que posee el arroz dorado como zinc y hierro, permitiendo suplir las carencias de varios nutrientes en un solo alimento.

En conclusión, al ser el arroz un alimento base en muchos países, es posible que en el futuro se desarrollen aún más modificaciones que aumenten su valor nutricional y biodisponibilidad de nutrientes, algo que podría ayudar a paliar la “malnutrición silenciosa” que sufren aquellas personas en países en desarrollo que no pueden obtener todos los micronutrientes necesarios para nuestro correcto funcionamiento.


 BIBLIOGRAFÍA