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sábado, 11 de enero de 2020

Desmintiendo a Greenpeace 3: Medioambiente, ecologismo y transgénicos, una relación complicada.

Por fin termina esta incursión en la página de Greenpeace. No sé si los habréis leído todos (aunque deberíais, han costado lo suyo). Hoy vamos a comentar entradas más variopintas y de hace algunos años, pero nunca está de más echarle un vistazo al pasado.

¿Pueden los productos provenientes de Agricultura Ecológica contener transgénicos? ¿Cómo puedo obtener más información sobre la Agricultura Ecológica? (2017)


Como ya comentamos en el post sobre las mentiras del maíz transgénico que se han contado, han habido estudios que se han publicado que contenían aseveraciones de contaminación con material genético transgénico. Y en ese mismo post, os contamos como se había desmentido estas afirmaciones por estudios posteriores. Además, os explicamos como el maíz transgénico tiene un mecanismo de seguridad, “un cortafuegos” para prevenir esto. Lo que ocurre es que hay genes que participan en la producción de polen que están mutados, por lo que no funcionan. Esto significa que no es posible la diseminación de polen transgénico, por lo que la única posibilidad de contaminación por transgénicos que puede sufrir una plantación es porque una persona (o en una serie de carambolas dignas de grabar un animal) coja una planta transgénica fecundada por polen no transgénico (que no natural, porque nosotros lo hemos seleccionado) y la siembre, dando lugar a una planta transgénica. A no ser que queramos perpetuar un transgénico, no se va a perpetuar.

Si te preocupas por el medio ambiente, las elecciones europeas te importan (Mayo 2019)


Este es un pequeño extracto de un post sobre las elecciones europeas en el que se mencionan los Organismos Modificados Genéticamente (OMG). Sí, obviamente no plantar organismos transgénicos reduce su impacto ambiental. ¿Con esto que conseguimos? Pues por ejemplo dejamos de aprovechar un organismo como el maíz Bt que es resistente no a herbicidas, si no a la plaga del taladro. El maíz Bt evita usar plaguicidas, pero si no se puede usar tenemos que optar por añadir esos productos químicos tan dañinos que comentan en este recorte. Y no, no es una sorpresa que haya gobiernos que junto con la industria pretendan derogar estas leyes, por la única y simple razón de que son leyes que se basan en el miedo y el desconocimiento. Países como Estados Unidos, Canadá, Argentina, Chile, Australia, Nueva Zelanda son países que no sólo permiten, si no que apoyan los transgénicos, potenciando la investigación, el avance y el bienestar.


Vamos a volver ahora un poco atrás en el tiempo (concretamente a 2010). Sin embargo, cuando organizaciones de la influencia de Greenpeace hacen declaraciones como las que estamos viendo, puede quedar una impresión equivocada en la memoria colectiva. 


Si bien es cierto que este post tiene mucho tiempo (casi una década), la tónica de las opiniones de esta organización se ha mantenido. Las bacterias que comentan, que son sintéticas y que pueden destruir el ecosistema sólo se mantienen en biorreactores muy controlados. Se han modificado para evitar que puedan crecer en ambientes que no sea un biorreactor muy controlado (esto lo hacen porque le quitan los genes para producir aminoácidos, por lo que hay que suplementarlos en el medio). 


Como vemos en esta imagen, si un organismo que es auxótrofo para la Arginina intenta crecer en un medio sin Arginina, se muere. Esto es un mecanismo de seguridad para evitar que las bacterias que crecen en un laboratorio puedan escapar. Por lo que ninguna superbacteria puede escaparse de un laboratorio y crecer en la naturaleza. 
En cuanto al salmón transgénico, ya tenemos un post en nuestro blog que desglosa este transgénico  donde podéis entrar a informaros más sobre este pez que no es el apocalipsis de la vida marina que están pintando.

Para finalizar, nos gustaría comentar una noticia que salió el 18 de diciembre del año pasado, hace apenas 3 semanas. Filipinas ha aprobado el uso del arroz dorado para consumo humano. Esto fue comentado por el divulgador científico José Miguel Mulet, el cual nos concedió una entrevista. En su Twitter, Mulet comentó lo siguiente: “Filipinas aprueba el arroz dorado. Curiosamente hace unos años campos experimentales de este mismo arroz fueron atacados por ecologistas. No hay nada que pueda parar una buena idea y la violencia no es el camino amigos de @greenpeace_esp”. A raíz de esto, nos gustaría comentar lo que ocurrió en ese ataque. En el año 2013, se produjo un ataque por parte de grupos ecologistas a una plantación de arroz dorado en Filipinas. Esto fue repudiado y condenado fuertemente por la comunidad científica (se llegó a abrir en la conocida página Change.org una propuesta para demostrar el rechazo a estos actos), pero durante los últimos años se han seguido sucediendo este tipo de ataques. 

La conclusión que podemos extraer después de estas 3 entradas es que grupos del estilo de Greenpeace han estado en una campaña constante de acoso y derribo a los productos transgénicos, cuando estos no son ni de lejos tan malos como se pintan. Esperamos que con esta trilogía de posts seáis más críticos en cuanto a las críticas alarmistas y sensacionalistas que poco o nada tienen que ver con la ciencia.

Bibliografía:

viernes, 10 de enero de 2020

Desmintiendo a Greenpeace 2: Liberación de OGM al medio ambiente.

Aquí tenemos la segunda entrada desmintiendo a Greenpeace. En esta sólo vamos a desgranar una entrada, pero creedme cuando digo que hay mucho que rascar (aunque como no queremos mataros de aburrimiento, nos hemos centrado en lo imprescindible).

¿Por qué se opone Greenpeace a la liberación de Organismos Modificados Genéticamente (OMG) al medio ambiente? (2017)


Lo primero que dice es cierto, da una definición adecuada y no excesivamente técnica de la ingeniería genética (de aquí en adelante IG). Sin embargo, la diferencia fundamental de la IG con las técnicas de mejora tradicionales no es la creación de nuevas especies, si no la mejora de especies actuales de una manera más precisa, efectiva, barata y segura. La IG nos permite introducir un gen (y por extensión una proteína y función/característica) que nosotros deseemos en un organismo (hablaremos de plantas de aquí en adelante para hacerlo más cómodo). Yo puedo coger un gen que expresa las antocianinas en la uva que les da un color oscuro y que tienen propiedades antioxidantes e introducirlo en una naranja. Esa es la base de las naranjas sanguinas. La diferencia está en que las naranjas sanguinas requirieron de años de mutaciones al azar en la naturaleza, mientras que con la IG se habría podido hacer de forma mucho más cómoda (existe un maíz transgénico en desarrollo que incrementa su contenido en antocianinas basándose en el ejemplo de la naranja sanguina).

Después, esta frase: “permite franquear las barreras entre especies para crear seres vivos nuevos que no existían en la naturaleza.” Existe una inmensa variedad de frutas, verduras, hortalizas, o cereales que son la fusión de dos especies distintas para dar una completamente nueva. El trigo, por ejemplo, es la unión de 3 variedades primitivas de las que se combinaron primero dos para dar una variedad di-híbrida que después se juntó con otra especie distinta para generar el tri-híbrido que usamos actualmente. Esto es una muestra de cómo la unión de dos especies distintas puede dar una especie completamente nueva. Con la IG, los humanos tenemos la posibilidad de realizar en uno o dos años lo que la evolución y selección artificial de los humanos primitivos han tardado en hacer 8000 años. Tenemos las herramientas para poder crear variedades nuevas (no vamos a crear al monstruo de Frankenstein ni súper-híbridos de tiburón y pulpo) que puedan proporcionarnos un salto de calidad en la gama de variedades que tenemos ahora. Además, no creo que haga falta entrar en la selección artificial de variedades de interés para nuestro consumo. Por poner un ejemplo rápido y típico, en la izquierda de la imagen podemos ver el teosinte (variedad ancestral del maíz) y en la derecha vemos la mazorca de maíz que se cultiva actualmente. ¿Creéis que son la misma especie?


Después de estas últimas declaraciones aparece una frase que de primeras nos puede sonar cierta: “Por otro lado, el uso de cultivos transgénicos es un claro atentado contra la soberanía alimentaria ya que permiten que un puñado de empresas transnacionales controlen nuestra alimentación.” Ahora vamos a ver cómo esto no es verdad. Si recordáis, en nuestro post sobre el arroz dorado, este se ideó para suplir deficiencias de vitamina A en los países del tercer mundo. Este transgénico se ideó en una universidad de Suiza bajo una única condición: su comercialización en países menos desarrollados debía estar libre de patente. Al financiarse la investigación con dinero público, se estableció como condición no tener una patente en países de África o de las zonas más pobres de Asia y dar las semillas a los agricultores completamente gratis, dándoles la posibilidad de replantar las semillas ellos sin tener que comprárselas de nuevo a los propietarios de la patente. Esto no se aplicaría a países desarrollados, en los que sí se aplicarían los derechos de patente. Sobre este tema hablamos largo y tendido con el profesor de la UMH José Manuel Pérez Pérez en esta entrevista que colgamos a principios de diciembre.

Continúan con esta reflexión: “Y, al contrario de lo que dicen, no son la solución al hambre. El hambre es un problema demasiado complejo que no se soluciona con una sola y arriesgada tecnología. Además, la inmensa mayoría de los cultivos transgénicos se utiliza para alimentar a animales para que en los países enriquecidos podamos disponer y producir carne, y otros derivados animales, barata.” Me gustaría destacar especialmente la frase en amarillo. La razón por la que la mayoría de cultivos transgénicos se utilizan para el alimento del ganado de los países occidentales es, simple y llanamente, que los proyectos ideados a mejorar la vida en países con menos recursos se han ido boicoteando sin el más mínimo rigor científico, provocando que las patentes, el conocimiento y la investigación terminen en empresas dispuestas a invertir en estas tecnologías que les revocan beneficios ya que son más baratas y más eficaces, lo que les terminará retribuyendo un mayor beneficio a largo plazo. 

Casi al final de esta entrada, hacen referencia a que dos terceras partes de los alimentos consumidos contienen maíz o soja, en gran parte transgénicos, sobre lo que comentan lo siguiente: “Estos ingredientes entran en nuestras dietas sin control alguno y sin nuestro consentimiento expreso, a pesar de que más del 60% de la ciudadanía europea rechaza estos alimentos”.  Me gustaría explicar esto. Sí, muchos de los alimentos que consumimos llevan como ingrediente maíz o soja, pero cuando es el caso se indica en la composición. No entran sin nuestro consentimiento expreso, ya que yo decido qué productos comprar, por lo que puedo realizar una búsqueda sobre la procedencia de estos alimentos. 

Además, como comentamos ayer en la primera parte de esta serie de post, existe una regulación sobre los alimentos transgénicos en la que se especifica la cantidad mínima que debe de haber de un transgénico para estar obligado por la ley para etiquetarlo debidamente (un 0,5%). Y esta, a diferencia de lo que alguien puede pensar, no es una medida laxa. Europa (más en concreto la Unión Europea) es la zona del mundo que más trabas pone a los transgénicos para su uso, comercialización o desarrollo. Apenas tenemos un producto transgénico cultivable (en España existen 100.000 hectáreas de maíz MON810, siendo el país líder entre los pocos que los cultivan) y de transgénicos para consumo humano mejor no hablamos (básicamente porque no hay). Compramos grandes cantidades de alimentos transgénicos a otras partes del mundo cuando nos negamos a producirlos porque son más rentables que los tradicionales o ecológicos (en Francia se quiso prohibir el uso de maíz transgénico para alimentar al ganado. Los ganaderos avisaron que el precio de la carne se cuadruplicaría). Y todo esto no es algo que se lleve con secretismo porque haya detrás un plan de enriquecimiento de la industria, si no porque no interesa saberlo. Si no sé lo que como, no me preocupo. Pero esa mentalidad tiene como contra el bloqueo del avance científico por miedo y desconocimiento.

martes, 7 de enero de 2020

Champiñones y CRISPR

Los champiñones han sonado mucho en el mundo de la Ingeniería Genética ya que son un buen candidato a ser una vacuna comestible o un alimento con fines terapéuticos.
En 2016 los champiñones fueron muy polémicos dentro del mundo científico porque se crearon unos champiñones utilizando el método de CRISPR/Cas9. El problema que existe con los champiñones es que a las pocas horas después de cortarlos empiezan a ennegrecerse y dejan de ser apetecibles para el consumidor.

 
Por lo tanto, se buscó una forma de usar la Ingeniería Genética para solucionar este problema. Yinong Yang consiguió utilizar la tecnología CRISPR/Cas9 para inactivar uno de los seis genes de la familia de genes que codifican polifenol oxidasa (PPO), que son responsables del pardeamiento (o ennegrecimiento). 

La polifenol oxidasa es una enzima que participa dentro de la ruta de pardeamiento enzimático. En este proceso se transforman los compuestos fenólicos en quinonas, que evoluciona hasta tener un color oscuro.

Al eliminar uno de los genes que participa, redujeron la actividad de la enzima en un 30%, por lo que aumentaron el tiempo que aguantaban los champiñones en buen estado tras ser cortados. 

Este champiñón es uno de los 30 organismos modificados genéticamente que han conseguido pasar el sistema de regulación del Departamento de Agricultura de EEUU (USDA). Esto ha sido posible ya que es un organismo genéticamente modificado, pero no un transgénico, ya que no ha incluido ninguna secuencia exógena de ADN, si no que solamente se modificó un poco su genoma por medio de la tecnología CRISPR/Cas9.
Como hemos visto, la legislaciónque tiene CRISPR en Europa es muy restrictiva, ya que lo legisla con la misma rigidez que a los transgénicos. En otros países como EEUU, los OGM y los transgénicos no se consideran iguales ante la ley, por lo que se permite comercializar con algunos de estos cultivos, como estos champiñones. Por lo que deberíamos replantearnos si nuestra ley debería dejar de incluir los productos de CRISPR/Cas9 dentro de la definición de transgénico.

Bibliografía: